Sunday, November 12, 2006

El examen de filosofía fue pospuesto para el miércoles 15 de noviembre, todas las secciones fueron avisadas con anticipación con excepción de la sección 110
(de 11 a 12 lmv). La sección de mj tendrá el examen el jueves 16. Favor de traer lapiz para la prueba.

la profesora...

Sunday, November 05, 2006

Tomado de Etica para Jóvenes, de José Hernán Albornoz.


LA ETICA DE ARISTOTELES O LA BUSQUEDA DE LA FELICIDAD.
1. Referencia sobre Aristóteles.

Aristóteles es el pensador más extraordinario que ha dado la humanidad. Nos asombra no sólo la vastedad de sus conocimientos, sino muy especialmente la profundidad y penetración de su pensamiento. De él dijo Augusto Comte que era "el príncipe eterno de los verdaderos pensadores". Por su parte, el filósofo español Rafael Cambra dice que Aristóteles es "el fruto intelectual más granado de aquella civilización refinada, especialmente idónea para la filosofía, verdadera edad dorada de la cultura humana" (6).

Aristóteles ingresó a la Academia de Platón a los 17 años, y allí permaneció durante veinte años . En esta Institución se nutrió en las fuentes más puras del pensamiento de su época. Tiempos después fundó su propia escuela que se conoció con el nombre de "Liceo". En su Liceo trabajó sin descanso en la creación de la más vasta obra científico-filosófica de la antigüedad.

Al bien supremo lo identificó con la felicidad, por esta razón ubicamos su ética dentro de la corriente que se ha denominado eudemonismo, de eudaimonía, felicidad..

El Eudemonismo.-

Una vez que Aristóteles dejó establecido que todos los hombres se proponen alcanzar la felicidad, se dedicó a indagar en qué consiste ésta, para lo cual examinó todas las opiniones emitidas por los pensadores que le precedieron..

Un examen minucioso de esas opiniones acerca de la felicidad, le permitió descartar esas mismas opiniones, y reforzar su propia tesis de que la felicidad consistía en la posesión de la sabiduría.

Partió de la tesis de que el bien y la felicidad son concebidos por los hombres a imagen del género de vida a que cada cual le es propio. La multitud y los más vulgares ponen el bien supremo en el placer, y por esto aman la vida voluptuosa.

El placer causa deleite corporal por medio de la percepción sensorial, y no es bien perfecto del hombre si se le compara con los bienes del alma.

Otros hombres apuntan al honor, la felicidad es para ellos "el premio a la virtud". Y el honor parece ser sobre todo el premio a la virtud. Pero el honor depende más de quien lo da que de quien lo recibe, mientras que el fin de la vida debe ser alguna cosa que nos sea propia. El honor se otorga a alguien por alguna excelencia suya, y por ello es un signo y testimonio de la excelencia que tiene el honrado, por lo tanto el honor es una consecuencia de la felicidad, pero ésta no puede consistir principalmente en el honor.

La felicidad podría consistir en la fama o la gloria, porque por ella los hombres alcanzan en cierto modo la eternidad. Pero la fama o la gloria puede ser falsa. La fama o la gloria depende de los admiradores, por lo cual no tiene consistencia propia, luego la felicidad no puede consistir en la fama o la gloria.

La felicidad podría consistir en la posesión de riquezas. Las riquezas ejercen un fuerte domino sobre el afecto del hombre. Con el dinero se compran casi todas las cosas. Además, mientras más riquezas se poseen, más se desean. Pero si se examina más detenidamente, podemos distinguir que existen dos tipos de riquezas. Las naturales, que sirven para satisfacer las necesidades vitales como el alimento, la vivienda, los vestidos, los vehículos, etc. También existen las riquezas artificiales, inventadas por el hombre para facilitar los cambios, y hacer posible el comercio, estas son el dinero.

Resulta evidente que la felicidad del hombre no puede consistir en las riquezas naturales porque estas se buscan con una finalidad ulterior, y que en el orden natural todas están hechas para el hombre y se ordenan al hombre. Por su parte, las riquezas artificiales no se buscarían si con ellas no se compraran las cosas necesarias para la vida, esto es, las riquezas naturales.

La felicidad podría, entonces, consistir en la posesión del poder.

la cosa que más rehuyen los hombres es la servidumbre, a la cual se contrapone el poder, luego el poder de gobernar a los demás es un bien. El poder no es un bien perfecto porque es "incapaz de ahuyentar la angustia de las preocupaciones ni evitar los aguijones del miedo". Además, el poder sirve para el bien y para el mal, por consiguiente la felicidad podría consistir en el buen uso del poder mediante la virtud, más que en el poder mismo. Otra de las desventajas que tiene el poder para ser la felicidad consiste en que al igual que las riquezas, puede ser arrebatado por otros hombres.

Para algunos, en efecto, la felicidad parece consistir en la virtud; para otros en la prudencia; para otros aún en una forma de sabiduría, no faltando aquellos para quienes la felicidad es todo eso o parte de eso, con placer o no sin placer, a todo lo cual hay aún quienes añaden la prosperidad exterior como factor concomitante" (l0).




4.- En qué consiste la felicidad?.

La felicidad es el bien más final que pueda existir; aquello que es apetecible siempre por sí y jamás por otra cosa. La felicidad es algo autosuficiente porque el bien final debe bastarse a sí mismo.

La felicidad es la actividad de la parte mejor del hombre, la que posee la razón y que piensa. Es la actividad y obrar del alma en consorcio con el principio racional.

El acto de un hombre de bien es hacer todo ello bien y bellamente, y como cada cosa se ejecuta bien cuando se ejecuta según la perfección que le es propia. De lo anterior se sigue que el bien humano resulta ser una actividad del alma según su perfección; y si hay varias perfecciones, según la mejor y más perfecta.

La felicidad debe ser una actividad virtuosa, habitual, "pues así como una golondrina no hace verano, ni tampoco un día de sol, de la propia suerte ni un día ni un corto tiempo hacen a nadie bienaventurado y feliz"(11).

"El hombre feliz es el que vive bien y obra bien, porque virtualmente hemos definido la felicidad como una especie de vida dichosa y de conducta recta"(12).

"La felicidad debe ser algo firme y de manera alguna fácilmente mudable. Porque de los actos de virtud, los más valiosos son también los más duraderos" (13).

"En suma qué impide declarar feliz a quien obra conforme a la virtud perfecta, y que está provisto además suficientemente de bienes exteriores, y todo esto no durante un tiempo cualquiera, sino durante una vida completa? ". (14).

El libro X de la Etica Nicomaquea, concluye que: "Si la felicidad es pues, la actividad conforme a la virtud, es razonable pensar que ha de serlo conforme a la virtud más alta, la cual será la virtud de la parte mejor del hombre. Ya sea ésta la inteligencia, ya alguna otra facultad a la que por naturaleza se adjudica el mando y la guía y el cobrar noticias de las cosas bellas y divinas; y ya sea eso mismo algo divino o lo que hay de más divino en nosotros, en todo caso la actividad de esta parte, ajustada a la virtud que le es propia, será la felicidad perfecta. Y ya hemos dicho antes que esa actividad es contemplativa.

La actividad contemplativa es, en efecto, la más alta de todas, puesto que la inteligencia es lo más alto de cuanto hay en nosotros, y además,la más continua, porque contemplar podemos hacerlo con mayor continuidad que otra cosa cualquiera.

Si aceptamos que el placer debe estar mezclado con la felicidad, el más deleitoso de los actos conforme a la virtud es el ejercicio de la sabiduría. El sólo afán de saber, la filosofía, encierra deleites maravillosos por su pureza y por su firmeza, y por supuesto, el saber adquirido, produce un goce mayor que el de su mera indagación. Además, la sabiduría la contiene como propio un placer que aumenta con la actividad" (15).

En conclusión, la felicidad consiste en la actividad de la inteligencia según la virtud que le es propia. Como Aristóteles es ante todo un hombre realista, presupone que para que un individuo pueda dedicarse a la actividad contemplativa debe disponer de bienes exteriores que le permitan satisfacer sus propias necesidades, porque por ejemplo, un hombre que viva en la miseria jamás podrá tenerse por feliz.





Ética
Aristóteles creía que la libertad de elección del individuo hacía imposible un análisis preciso y completo de las cuestiones humanas, con lo que las "ciencias prácticas", como la política o la ética, se llamaban ciencias sólo por cortesía y analogía. Las limitaciones inherentes a las ciencias prácticas quedan aclaradas en los conceptos aristotélicos de naturaleza humana y autorrealización. La naturaleza humana implica, para todos, una capacidad para formar hábitos, pero los hábitos formados por un individuo en concreto dependen de la cultura y opciones personales repetidas de ese individuo. Todos los seres humanos anhelan la "felicidad", es decir, una realización activa y comprometida de sus capacidades innatas, aunque este objetivo puede ser alcanzado por muchos caminos.
La Ética a Nicómaco es un análisis de la relación del carácter y la inteligencia con la felicidad. Aristóteles distinguía dos tipos de "virtud" o excelencia humana: moral e intelectual. La virtud moral es una expresión del carácter, producto de los hábitos que reflejan opciones repetidas. Una virtud moral siempre es el punto medio entre dos extremos menos deseables. El valor, por ejemplo, es el punto intermedio entre la cobardía y la impetuosidad irreflexiva; la generosidad, por su parte, constituiría el punto intermedio entre el derroche y la tacañería. Las virtudes intelectuales, sin embargo, no están sujetas a estas doctrinas de punto intermedio. La ética aristotélica es una ética elitista: para él, la plena excelencia sólo puede ser alcanzada por el varón adulto y maduro perteneciente a la clase alta y no por las mujeres, niños, "bárbaros" (no griegos) o "mecánicos" asalariados (trabajadores manuales, a los cuales negaba el derecho al voto).

Metafísica
En su Metafísica, Aristóteles abogaba por la existencia de un ser divino, al que se describe como "Primer Motor", responsable de la unidad y significación de la naturaleza. Dios, en su calidad de ser perfecto, es por consiguiente el ejemplo al que aspiran todos los seres del mundo, ya que desean participar de la perfección. Existen además otros motores, como son los motores inteligentes de los planetas y las estrellas (Aristóteles sugería que el número de éstos era de "55 o 47"). No obstante, el "Primer Motor" o Dios, tal y como lo describe Aristóteles, no corresponde a finalidades religiosas, como han observado numerosos filósofos y teólogos posteriores. Al "Primer Motor", por ejemplo, no le interesa lo que sucede en el mundo ni tampoco es su creador. Aristóteles limitó su teología, sin embargo, a lo que él creía que la ciencia necesita y puede establecer.
Influencia
Tras la caída del Imperio romano las obras de Aristóteles se perdieron en Occidente. Durante el siglo IX, los estudiosos árabes introdujeron su obra, traducida al árabe, en el islam. De estos estudiosos árabes que examinaron y comentaron la obra aristotélica, el más famoso fue Averroes, filósofo hispanoárabe del siglo XII. En el siglo XIII el Occidente latino renovó su interés por la obra de Aristóteles y santo Tomás de Aquino halló en ella una base filosófica para orientar el pensamiento cristiano, aunque su interpretación de Aristóteles fuera cuestionada en un principio por las instancias eclesiásticas. En las primeras fases de este redescubrimiento, la filosofía de Aristóteles fue tomada con cierto recelo, en gran parte debido a la creencia de que sus enseñanzas conducían a una visión materialista del mundo. Sin embargo, la obra de santo Tomás acabaría siendo aceptada, continuando más tarde la filosofía del escolasticismo la tradición filosófica fundamentada en la adaptación que santo Tomás hacía del pensamiento aristotélico.
La influencia de la filosofía de Aristóteles ha sido general, contribuyendo incluso a determinar el lenguaje moderno y el denominado sentido común, y su concepto del "Primer Motor" como causa final ha tenido un importante papel dentro de la teología. Antes del siglo XX, decir lógica significaba en exclusiva hacer referencia a la lógica aristotélica. Hasta el renacimiento, e incluso después, tanto poetas como astrónomos ensalzaron el concepto aristotélico del Universo. El estudio de la zoología estuvo basado en la obra de Aristóteles hasta que, en el siglo XIX, el científico británico Charles Darwin cuestionó la doctrina de la inmutabilidad de las especies. En el siglo XX se ha producido una nueva apreciación del método aristotélico y de su relevancia para la educación, el análisis de las acciones humanas, la crítica literaria y el análisis político.
No sólo la disciplina de la zoología, sino el mundo del saber en general, parece justificar el comentario realizado por Darwin, quien llegó a afirmar que los héroes intelectuales de su época "eran simples colegiales al lado del viejo Aristóteles".



INTRODUCCIÓN A LA ÉTICA DE ARISTÓTELES:
Por Humberto Guiannini
Cuando estudiamos el movimiento vimos que todo movimiento y cambio naturales representan una “inclinación”, un apetito móvil, para alcanzar una situación o un estado que le corresponde por naturaleza. Así, por ejemplo, la piedra cae naturalmente, porque acá abajo está su lugar natural, al que aspira; y el árbol florece y fructifica porque aspira a multiplicarse a través de la reproducción de sí. Por eso, el fin o el término de un movimiento es para Aristóteles lo mismo que el bien particular alcanzado por eso que se mueve: es el cumplimiento de una inclinación (o apetito) natural. Y en los entes dotados de sensibilidad este logro del fin o del bien particular se traduce en placer; y en los entes dotados de razón, en felicidad.
Detengámonos ahora en los movimientos propios del hombre en cuanto tal: en sus actos. Según el filósofo, los actos humanos pueden ser de dos especies: a) una, la de aquellos actos no queridos por sí mismos, sino por lo que ellos producen o lo que de ellos deriva. Por ejemplo, la fabricación de un objeto de uso –supongamos un lápiz- se hace porque el lápiz se quiere para algo: para escribir. También el acto de escribir, salvo en el artista, no se busca por el acto mismo, sino para algún fin externo al acto: para pedir en préstamo algo, etc. A estos actos, que tienen su fin fuera de ellos mismos, en la obra, Aristóteles los llama “poéticos”; b) otros, en cambio, son queridos por ellos mismos: actos que por el hecho de realizarlos representan un fin en sí y un bien. Por ejemplo, contemplar un cuadro, conversar, realizar un acto de honradez. Son los actos prácticos, la praxis aristotélica.
Ahora bien, es claro que si existe un acto querido por sí (práctico) y que tenga, además, la virtud de que por él sean queridos todos los otros actos, tal acto representará el fin último y el bien absoluto de la vida racional. Y en el logro de este fin consistirá también la felicidad. Suponiendo que exista tal fin último, que unifica todos los fines relativos, la misión de la Ética es determinarlo y mostrar cómo puede alcanzarse.
¿No habrá –se pregunta Aristóteles- para todos los trajines y proyectos del hombre, un fin único (y último) que unifique todos los quehaceres y dé así un sentido un sentido a nuestras vidas? ¿Un bien que no se persiga por otra cosa, como todos los bienes relativos, sino que sea él mismo el objeto de nuestro amor?

“Pues, así como para el flautista y para el escultor y para todo artesano, y en general, para todos aquellos que producen obras y desempeñan una actividad, en la obra que realizan se cree que reside el bien y la perfección, así se cree también que debe acontecer con el hombre en caso de existir algún acto que le sea propio en cuanto hombre. ¿O es que sólo habrá ciertas obras o acciones que sean propias del carpintero o del zapatero, y ninguna del hombre, como si este hubiese nacido cual cosa ociosa? Y, ¿cuál será este acto propio de él?... pues si no existiera esta obra querida por sí y no por otra, todo anhelo humano sería vano e inútil. Vano e inútil, pues toda cosa se haría por otra, y esta última por otra, sin que nada valiese por sí mismo” (Aristóteles, Ética I).

Ahora bien, en cualquier ente animado, la perfección de vida y el gozo derivan del ejercicio de aquello para lo cual están naturalmente dispuestos, para lo cual se posee una potencia natural. El ejercicio y perfección de la potencia propia de un ser animado se constituye en un “haber” adquirido, en un hábito que potencia más nuestro ser natural. En esto consiste la virtud en su más pleno sentido: en ser el potenciamiento de una potencia natural.
Volvamos al hombre: ciertamente en el hombre también habrá un fin, no externo, sino interno a su ser, que lo haga plenamente hombre. Y es, coma ya ha sido repetido, la inteligencia (o razón) lo que nos hace plenamente humanos: la inteligencia por la cual hacemos inteligibles y entendemos el mundo humano y el mundo natural y el mundo sobrenatural (divino); la inteligencia, por la que no somos cosas del universo, sino habitantes de él. Así, pues, si la inteligencia es la potencia que hace diferentes a los hombres de todo los otros entes animados, en el ejercicio y perfeccionamiento de esta potencia consistirá su virtud propia, o como decíamos hace un momento, su obra. Y en este ejercicio consistirá también su “felicidad perfecta”.

“Si la felicidad es, pues, una actividad conforme a la virtud, es razonable pensar que ha de serlo conforme a la virtud más alta, la cual será la virtud de la parte mejor del hombre”.

Y esta “parte mejor del hombre” es, como se dijo hace poco, “la parte racional del alma”:
“Llamamos virtud humana no a la del cuerpo, sino a la del alma… Pero también debe creerse que en el alma hay una parte fuera de la razón y contraria y que se le opone… Y la parte irracional es doble: la vegetativa, que no participa de la razón de ninguna manera, y la conscupiscente y apetitiva en general, que participa de ella en algún modo, en cuanto LA ESCUCHA Y OBEDECE… Y si también a esta debe llamársele racional, entonces será doble lo racional: el uno por excelencia y en sí mismo, y el otro como el hijo que escucha al padre. Por lo tanto, según tal diferencia se distingue también la virtud: en efecto, llamamos a las unas dianoéticas (intelectuales), y a las otras éticas (morales). Dianoéticas: la sabiduría, la inteligencia, la prudencia. Éticas: la liberalidad, la templanza, etc.” (Aristóteles, Ética Nicomaquea I, 13)

En resumen: “la parte que obedece a la razón” es la sede de hábitos convenientes (virtudes), ya sea respecto a nuestra propia armonía y equilibrio, como son la fortaleza de ánimo y la templanza, ya sea respecto del equilibrio y la armonía con nuestros semejantes, como esencialmente lo es la justicia. Estas virtudes que Aristóteles llama éticas y también políticas, pueden englobarse en una sola: La prudencia, que es la sabiduría práctica por la que el hombre se maneja sabia y justamente respecto de sí mismos y de sus semejantes en lo que concierne a las cosas cambiantes y complejas del mundo.
Pero, es el ejercicio de la inteligencia (razón) no en la esfera de lo complejo y variable, sino en la esfera de lo inteligible en sí, donde el hombre alcanza la virtud que le es más propia: la virtud dianoética o intelectual.

“ya sea la inteligencia, y alguna otra facultad a la que por naturaleza se adjudican el mando y la guía y el cobrar noticias de las cosas bellas y divinas; y ya sea eso mismo algo divino o lo que HAY DE MÁS DIVINO EN NOSOTROS, en todo caso la actividad de esta parte ajustada a la virtud que le es propia, será la felicidad perfecta. Y ya hemos dicho antes que esta virtud es contemplativa”. (Aristóteles, Ética Nicomaquea VI, 7)

Es preciso ahora recordar ahora lo que antes habíamos dicho, a fin de comprender esta contemplación, que pone en juego las partes más divinas del hombre.
Hay en el hombre una capacidad para actuar conforme a la razón. Es la esfera de las virtudes éticas. Pero hay también una capacidad o una potencia para razonar, para “filosofar”. Esta última, que es la más noble y fundamental, según Aristóteles, consiste, en último término en la capacidad de decir lo que las cosas son (en aprehender la verdad de las cosas). Y para que esto ocurra, tenemos que ser esencialmente receptivos, hospitalarios: acoger en nuestro presente la presencia del mundo, de los hombres. Esto es lo que ya antes de Aristóteles se llamaba “teoría”, “contemplación”.
Pero sabemos que en este estado contemplativo, el filósofo recibe algo de la realidad divina que contempla, algo de su imperturbabilidad, algo de su inteligibilidad, pues, “en cierto modo, el alma es todas las cosas”.
Y este y no otro es el fin de la filosofía primera: el estudio y contemplación de las cosas más nobles y divinas –las cosas más dignas de amor-, a fin de hacernos como ellas.
Habrá que insistir en que la finalidad propiamente humana –que es la vida contemplativa- no se alcanza al margen de la convivencia humana, en la soledad de las montañas o de la selva. Esta finalidad se alcanza justamente en la vida ciudadana, entre los hombres. Por eso, Aristóteles dirá una y otra vez que la política (gobierno de la Polis) es la ciencia más elevada de todas, pues subordina todos los fines al fin común.

Lecciones sobre Platón.Felipe Giménez. Profesor de filosofía de IES.
Editado por la Profesora Bauzá para el curso HUMA 3101

1. La teoría de las Ideas.
Platón (-427 - -347) afirma que el mundo inteligible consta de esencias eidéticas o Ideas. Las Ideas son esencias, esto es, aquello que hace que una cosa sea lo que es, la determinación en sí de cada cosa. La Idea de Belleza es aquello por lo cual las cosas son bellas.
El mundo sensible, por el contrario, es mudable, es el lugar del nacimiento y la corrupción, del devenir, es el mundo de la contingencia, del cambio.
Las Ideas existen trascendentemente, son sustancias separadas de los objetos que percibimos sensorialmente. Son entidades que poseen existencia real e independiente: cada Idea es una "substancia" (ousía), algo que existe en sí como realidad trascendente y no inmanente a las cosas.
La teoría implica una duplicación ontológica.
Cada Idea es única, eterna e inmutable, atópica y acrónica. Las realidades no son corpóreas ni tampoco pueden ser conocidas por la percepción sensorial. Sólo pueden ser conocidas por la inteligencia o por intuición intelectual (noesis).
Se plantea siempre en Platón el problema de la relación entre las Ideas y los objetos sensibles de nuestra experiencia cotidiana. La relación puede ser de participación o de imitación.
La relación entre las Ideas puede ser de comunicación (koinonía) y combinación o ensortijamiento (symploké). Esta comunicación no es de todas con todas. Ni todas las Ideas están en conexión con todas ni todas están desconectadas respecto de todas.
2. Reminiscencia y amor.
¿Cómo es posible el conocimiento si vivimos en lo sensible? Si lo sensible nada tiene que ver con lo inteligible ¿Cómo se puede mediar entre ambas realidades? Hay tres puntos que pueden ayudar a entender y solucionar este problema:
a) La relación de mímesis o methexis entre lo sensible y lo inteligible. b) El alma y su carácter intermedio entre ambos mundos. c) Las Ideas y su dialéctica eidética. Las Ideas tienen symploké entre sí.
En el diálogo "Menón" aparece el tema de la reminiscencia y se afirma la tesis de que aprender es recordar. Esta teoría de la reminiscencia vuelve a aparecer de nuevo en el "Fedón" y en el "Fedro". En estos dos últimos diálogos se añaden dos precisiones importantes. 1ª El alma conoció las Ideas en una existencia anterior separada del cuerpo y que ese conocimiento fue posible porque el alma es ideal, pertenece al mundo de las Ideas, 2ª que dado que las cosas "imitan" a las ideas, el conocimiento sensible sirve como ocasión para el recuerdo (anámnesis), el cual sirve, a su vez, para reducir a la unidad de la Idea la multiplicidad de las sensaciones.
Como conocer es recordar, de aquí se derivan las siguientes consecuencias en materia de educación: "hemos de rechazar la concepción de la educación profesada por aquellos que dicen que pueden introducir en la mente un conocimiento que antes no estaba allí...nuestra argumentación indica que esta capacidad [de llegar a las verdades últimas] es innata en la mente de todos los hombres."
La dialéctica se convierte en la "República" en la ciencia suprema. En el libro VII de la República aparece la exposición platónica de los grados de conocimiento en relación con los grados del ser.
El amor es también una vía de acceso a lo inteligible, un medio de ascender a las Ideas. Se trata de una dialéctica pasional. En el amor se produce una ascensión desde las cosas sensibles hasta la Idea de la Belleza. El amor platónico es ascensión hacia la Belleza. El Fedro desarrolla el mismo tema que el Banquete en el mito del carro alado y con referencia directa a la reminiscencia. El alma que ha caído a la tierra ha olvidado todo y y perdido sus alas; pero "viendo la hermosura de este mundo y acordándose de la verdad, toma alas y, una vez alada, desea emprender el vuelo". Por ello el amor es filósofo. La razón de ese amor por las Ideas es la afinidad del alma con las Ideas.
Antropología.
3. El alma.
Platón distingue entre cuerpo (soma) y alma (psyché). Igual que el Mundo inteligible es el auténtico y verdadero mundo, el alma es el auténtico y verdadero hombre. El hombre es el alma.
Platón establece una división tripartita del alma:
Están las siguientes partes o almas:
Inteligible.IrascibleConcupiscible.
Platón sostiene la eternidad e inmortalidad del alma y su posibilidad de reencarnación.
El cuerpo es la cárcel del alma, un estorbo para ella y la arrastra con sus pasiones y por tanto le impide la contemplación de las Ideas. Por eso, lo mejor que le puede pasar al filósofo es morir, y la filosofía no es sino una "preparación para la muerte".
El alma es la esencia humana, el principio y el fundamento del conocimiento humano en cuanto pertenece al mundo de las ideas.
En Platón encontramos la teoría de las que se llamarán virtudes cardinales. Según la doctrina platónica a cada una de las partes del alma corresponde una virtud. La virtud de lo racional es la prudencia, la de lo irascible es la fortaleza y la de lo concupiscible es la templanza, la moderación. Pero la virtud más importante de todas es la justicia que nace cuando dada una de las partes del alma cumple bien su tarea.
4. Crítica de Platón a la democracia.
Platón desarrolla una muy viva crítica a la democracia. En lo esencial, ésta se funda en los siguientes argumentos:
*la masa popular (hoi polloi) es asimilable por naturaleza a un animal esclavo de sus pasiones y sus intereses pasajeros, sensible a la adulación, sin constancia en sus amores y odios; confiarle el poder es aceptar la tiranía de un ser incapaz de la menor reflexión y rigor;
*cuando la masa designa sus magistrados, lo hace en función de unas competencias que cree haber observado -cualidades oratorias en particular- e infiere de ello la capacidad política;
*en cuanto a las pretendidas discusiones en la Asamblea, no son más que disputas que oponen opiniones subjetivas inconsistentes, cuyas contradicciones y lagunas traducen su insuficiencia.
En resumen, la democracia es ingobernable. Su desorden conduce a la tiranía y fomenta la inmoralidad de cada uno. La argumentación que sostiene esta refutación plantea un problema político capital: el de la relación entre el Saber y el Poder.
5. Las clases sociales.
La teoría política de Platón se halla íntimamente ligada con su teoría del alma y constituye, el más íntimo deseo de su dedicación a la filosofía. Dicha teoría se encuentra expuesta en la República, el Político y las Leyes.
Hay tres tipos de hombres, igual que hay tres partes del alma:
-Filósofos (oro) representan el estamento educador y gobernante. Su virtud es la prudencia. Equivalen a la parte racional del alma.
-Guardianes (plata): su misión es la defensa de la ciudad y prestar ayuda a los gobernantes. Su virtud es la fortaleza y equivalen a la parte irascible del alma.
-Trabajadores manuales (hierro); son los encargados de satisfacer las necesidades primarias de los habitantes de la ciudad. Su virtud es la templanza y equivalen a la parte concupiscible del alma.
Cuando cada uno de estos estamentos de la ciudad realiza su tarea, se cumple la virtud de la justicia, que es la síntesis y culminación de las demás virtudes.
6. El hombre y la Ciudad.
El hombre es triple, compuesto de razón, de pasiones generosas y de deseos inferiores, pero en proporción variable. En cada uno de los regímenes mencionados predominan una o dos de las últimas categorías bajo el control y la soberanía de la razón. A cada uno de estos regímenes corresponde, pues, un tipo de hombre; de forma que construir la Ciudad ideal y realizar tipos de hombres acabados es un mismo y único asunto: para obtener un hombre justo es preciso construir una Ciudad justa. Su Ciudad no estará formada por una población homogénea, sino por tres clases netamente distintas y cuya cohabitación realizará una especie de perfección. La primera clase es la de los jefes y tiene como virtud propia la sabiduría; la segunda es la de los auxiliares o guerreros, dotados de valor, y la tercera es la de los artesanos o labradores -tanto patronos como obreros-, que necesita la templanza y debe saber resistir a los apetitos. Dicho de otra forma, cada clase representa un aspecto del alma y el conjunto de la Ciudad representa el alma entera. De esta forma la Ciudad es justa porque cada parte cumple su función en ella; y los ciudadanos son justos en la medida de su participación justa en una Ciudad justa. Mirando atentamente, no cabe decir que cada ciudadano realice en sí la totalidad de la perfección humana. Participa en la perfección en cuanto elemento de un conjunto que -este sí- es perfecto.
Platón nos ofrece una sociedad, a la vez jerarquizada y unificada. Y en el fondo esto explica la construcción platónica. Se trata de formar una Ciudad que forme una unidad política y moral. A sus ojos, es sobre todo escandalosa esa democracia en la que el individualismo permite las éticas personales. Por otro lado está absolutamente convencido de que los hombres no están igualmente dotados por la naturaleza. Para combinar la exigencia de uniformidad y el dato de la diversidad. Platón se ve conducido a concebir una especie de unidad funcional en la que cada parte, diferenciada como órgano, desempeñaría su papel separadamente, pero en interés común. La teoría de Platón pasará a la posteridad como una ejemplar teoría aristocrática del buen gobierno que permanecerá unida a su nombre.
8. Educación de los ciudadanos.
Una educación estricta, dispensada por el Estado, está destinada a formar esta élite intelectual. Para conseguir la armonía y la justicia de esta ciudad platónica, es necesaria una educación gimnástica y musical para la formación del alma. La educación, especialmente los cinco años que recomienda Platón al estudio de la Dialéctica, para todos los jóvenes que muestren capacidad para ejercer las funciones de gobierno, reviste una importancia decisiva en su proyecto político. Platón piensa en un Estado gobernado por filósofos, es decir, por intelectuales maduros que posean la ciencia suprema de la dialéctica, la ciencia de las Ideas, cuyo punto culminante es el conocimiento de la Idea del Bien. La Dialéctica es, como la llamará en el Sofista, la ciencia de la totalidad que sólo poseen los verdaderos filósofos, que se convierten así en educadores y son la conciencia crítica de la polis, por su visión abarcante del mundo y de los hombres, orientada según la verdad, el bien y la justicia. Después de una selección -que Platón no determina con precisión- se somete a los jóvenes destinados a guerreros o jefes, a un período de entrenamiento deportivo, de los diecisiete a los veinte años. De los veinte a los treinta se da a los futuros filósofos una visión del conjunto de las relaciones que unen las ciencias exactas, con objeto de hacerles patente el orden ideal que reina en el universo. Entre los treinta y los treinta y cinco años, por último, se les inicia en la teoría de las ideas; desde entonces conocerán la esencia del universo, y su conducta podrá fundarse en verdaderas realidades. Volverán a desempeñar funciones políticas durante quince años, volviendo, a partir de los cincuenta, a sus estudios. [los auxiliares reciben la misma educación hasta los veinte años, pero se detienen ahí. Su educación moral admite la música, al menos la que educa al alma. Excluye la mayor parte de la poesía, arte de maléfica imitación.] Por consiguiente, la política es una especialización, ya que no debe confiarse más que a gentes preparadas para ello. Pero esta educación, no es,en realidad, otra cosa que una educación de la razón. La ciencia política es, en muchos aspectos, la ciencia sin más, la de la verdad y el bien, o sea, la razón iluminada en la debida forma.
Para garantizar esto se toman precauciones. Deben tomarse dos medidas para impedir que el individuo se aísle y que se abran paso las divisiones: 1º Según Platón, las mujeres pueden, en la sociedad de los guardianes, tener idéntico papel en las actividades públicas que los hombres, recibiendo para ello la misma educación. Se suprimen los vínculos matrimoniales y se instituye la comunidad mujeres, siendo los magistrados quienes regulan las uniones y fijan el tiempo de procreación. El Estado educa en común a los niños; 2º Los guardianes no tienen derecho de propiedad individual. De este modo la clase dirigente forma una sola familia. Liberado el individuo de toda atadura personal, se asocia directamente al Estado. La unificación de la sociedad es total. Este rasgo termina de dar a la República su carácter utópico.

B. La filosofía de Platón (-427 - -347).
1. Introducción a Platón.
Hay que partir de la situación creada por la Sofística. Los sofistas habían perdido de vista el sentido de la distinción entre verdad y apariencia y la objetividad de las normas. La verdad se subjetivizó y relativizó, dependiendo de los diversos puntos de vista e intereses que entraren en juego. La verdad en suma, se relativizó y se pragmatizó cuando no se abocó a un nihilismo completo como en el caso de Gorgias.
Sobre la base de esta situación, Platón pretende devolver un sentido preciso y normativo a la noción de verdad, sentido que habrá de seguir coincidiendo en principio con el de ser. Platón es por ello el gran enemigo de la Sofística, la cual había empezado a poner en duda la identidad y la correspondencia entre ser y conocimiento, entre ser y verdad. La Sofística es por ello considerada por Platón como la Antifilosofía o filodoxa.
Ligado al tema gnoseológico o de la verdad está el tema ético o de los valores, de la justicia, del bien. La verdad y la justicia están íntimamente ligados entre sí en Platón. La verdad y la justicia son los dos grandes temas de Platón que aparecen ineluctablemente, ineludiblemente en los diálogos de Platón. Sólo el que sabe es bueno, sólo el sabio puede ser justo. Sólo el sabio puede ser bueno, puesto que sabe qué cosas son buenas y qué cosas no lo son. Sólo el sabio puede ser feliz. El problema que se le plantea a Platón es cómo hacer una ciencia verdadera, una política científica para así poder conseguir mediante una ingeniería social de largo alcance hombres sabios, esto es, hombres justos, buenos y felices (puesto que todo hombre justo es feliz y todo injusto es infeliz) que dirijan el Estado justo, la Ciudad y construyan una sociedad armónica, justa y feliz. Así pues, el problema ético-político está íntimamente entrelazado con el problema gnoseológico-epistemológico. Preocuparse por la verdad nos lleva necesariamente a preocuparnos por la justicia. La política es, debe ser una ciencia y la ciencia es inevitablemente política, tiene fines éticos, el bien y la felicidad.
La teoría de las Ideas tiene como objetivo el garantizar la objetividad y la realidad ontológica de los valores gnoseológicos (verdadero o falso), éticos (bueno o malo) y estéticos (bello o feo).
2. El Alma (Psyché) en Platón.
Para Platón el alma es inmortal. La doctrina platónica sobre el alma se halla dispersa en diversos diálogos. Aquí sólo vamos a centrarnos en el aspecto de la inmortalidad del alma, aspecto del que trata el diálogo Fedón.
El Fedón narra las últimas horas de Sócrates, que espera la muerte discutiendo con sus amigos el tema de la inmortalidad del alma. Sócrates no teme la muerte, pues tras ella espera encontrarse en la compañía de dioses y de hombres mejores que los de aquí. Además, ha pasado su vida tratando de separar su alma del cuerpo, para mejor pensar. ¿Cómo no alegrarse de la proximidad de la muerte que consumará dicha separación? La filosofía es meditatio mortis.
Cebes señala que tales expectativas sólo estarán justificadas si puede demostrarse la inmortalidad del alma. Sócrates la muestra mediante cuatro argumentos. Se trata de probar que el alma no desaparece cuando se libera o separa del cuerpo, que no es algo que se desvanezca como un soplo o una humareda.
Todo lo que aprendemos es recuerdo, y es necesario pensar que, en un tiempo anterior hemos aprendido todo lo que ahora recordamos. Esto sería imposible si nuestra alma no hubiera estado en alguna parte antes de tomar forma humana. De aquí se deduce fácilmente la afirmación de la inmortalidad del alma. Además, tenemos nociones previas (como la de igual a) que no tenemos de la experiencia (en la cual jamás hay dos cosas exactamente iguales), sino que las recordamos de antes de haber nacido, cuando nuestra alma conoció lo igual en sí, lo bueno en sí, lo bello en sí, etc. Luego nuestra alma es preexistente.
Esta teoría de la reminiscencia está ligada a la idea de una especie de olvido y, en segundo lugar, a la idea de una cierta carencia de las cosas sensibles en relación con las inteligibles. Los objetos sensibles tienden a ser esa realidad que es superior a ellos, pero no lo consiguen; lo desean, pero permanecen en una especie de estado de carencia. La sensación está, pues, en el origen de algo que la supera, porque existe un ámbito de las cosas en sí al que están ligadas las cosas sensibles
De un lado tenemos lo visible, de otro lo invisible; de un lado lo inmutable, del otro el cambio; de un lado el alma, pariente de lo invisible; del otro, el cuerpo, pariente de lo visible. Es propio del cuerpo el disolverse, mientras que el alma permanece indisoluble. Las cosas incorruptibles son invisibles e idénticas a sí mismas, las corruptibles son visibles y variables. El alma pertenece a las primeras. A continuación expone Sócrates los diversos destinos de las almas tras la muerte. Las almas puras de los filósofos van a hacer compañía a los dioses. Cuando el alma pura va al Hades no es aniquilada, como piensan la mayoría de los hombres, sino que se concentra en sí misma. Va hacia lo que se le parece, hacia lo que es invisible, hacia lo que es inmortal y sabio. Por lo que respecta a las otras especies de almas, quedan como entrecortadas por el cuerpo y toman forma corporal, se hacen pesadas, de tierra y visibles; si participan de algo, es precisamente de lo visible. Las almas impuras y apegadas al cuerpo, sucias y entremezcladas de materia, vagan como fantasmas hasta volver a encarnarse en otros animales u hombres, según su vicio o virtud. La función de la filosofía estriba precisamente en preparar al alma para la muerte, purificándola y separándola del cuerpo. Platón reintroduce aquí la consideración de la metempsícosis; las almas rendirán justicia de lo que han hecho sufriendo un exilio en las diferentes especies de animales. A estas almas se opone el género de aquellos que son amigos del saber y que filosofan rectamente.
El maravilloso mito del carro alado: El alma es un carro tirado por dos caballos alados gobernado por su auriga. El alma es un ser vivo inmortal. Es un alma la que cuida todo aquello que está desprovisto de alma. El alma reviste diferentes formas.
En el caso de los dioses, los dos caballos son buenos y de buena raza; en el caso de los mortales, uno de los dos es también así, el otro es lo contrario. Gracias a sus alas, las almas de los dioses se mueven por la bóveda celeste y salen afuera y se detienen sobre ella hasta que el movimiento de rotación las vuelve a dejar fuera, en este punto; durante esta estancia contemplan lo que está fuera del mundo sensible, lo ente, y ese es su festín, su regalo. Las almas de los hombres, por la dificultad de conducir el carro (uno de los caballos es díscolo), difícilmente logran seguir a las de los dioses; apenas llegan a saca la cabeza fuera de la bóveda del cielo y ver más o menos; la que logra ver algo queda libre de sufrimiento hasta la próxima revolución, pero si el alma no ha conseguido ver, sino que, por el contrario, en la lucha ha sido derrotada, pierde las alas y cae a tierra, donde toma posesión de un cuerpo, que, por la virtud del alma, parecerá moverse a sí mismo. Si de todos modos, el alma ha visto alguna vez, no será fijada a un cuerpo animal, sino a un cuerpo humano y, según que haya visto más o menos, será fijada al cuerpo de quien haya de ser una u otra cosa; la del que haya visto más será el alma de un amante de la sabiduría, cultivador de las Musas o del amor. La segunda será la de un gobernante obediente a la ley y así hasta la octava que será la de un sofista y la novena que será la de un tirano. Al final de una vida, las almas son juzgadas, y hasta completar un milenio llevan, "bajo tierra" o "en algún lugar del cielo" una vida concorde con los merecimientos de su vida terrena. Transcurrido el milenio, volverán a la superficie de la tierra, pero esta vez cada una escogerá el tipo de vida que quiere, en qué clase de cuerpo ha de ser instalada, así cada una elegirá libremente según su propio carácter y su propio valor; puede ser que alguna decida ir a parar a un animal: se le concederá, porque esa es su decisión. Ningún alma recuperará las alas antes de 10.000 años, a no ser que se haya mantenido durante tres generaciones en el estado de amante de la sabiduría o de la belleza.
Los filósofos, los enamorados de la belleza, los músicos y los amantes figuran entre quienes recuerdan este gran viaje del alma; pero también se cuentan entre ellos los reyes que se conforman a las leyes, los soldados en la medida en que escuchan a la justicia, los hombres de negocios cuando son buenos, los atletas y los médicos, los profetas y los iniciadores, los poetas y los artistas, los sabios en mecánica y los granjeros, los sofistas profesionales y los demagogos, así como los tiranos ocuparán un orden descendente si partimos desde los filósofos, aquellos que mejor han visto las Ideas.
Cuando el alma ve en este mundo objetos bellos recuerda la forma de la belleza que vio en el otro, por lo que experimenta una intensa e inexplicable nostalgia y pasión, una locura o delirio divino en que consiste el amor. La presencia del amado excita esta pasión, hace que nos rebroten las alas y que de nuevo podamos volar. De una manera general, el que ama tiende a idealizar, e incluso a idolizar al que es amado, a moldearlo en la imagen cada vez más perfecta del dios.

4. Teoría de la reminiscencia. El diálogo "Menón".
Dos problemas dominan el "Menón", y como el segundo está ligado muy estrechamente al primero, podemos decir que este diálogo está relacionado con el "Fedón".
El primer problema se plantea desde el principio: "¿Podrías decirme, Sócrates, si la virtud se adquiere por la enseñanza, por el ejercicio, o si se da al hombre por la naturaleza, o si procede de cualquier otra causa?". Para resolverlo hay que dar una definición de la virtud. Buscar una definición es buscar una unidad; ahora bien, Menón no presenta a Sócrates más que un enjambre de diversas virtudes y, sin embargo, nosotros queremos definir la virtud en sí misma. En este punto, un segundo problema viene a complicar el primero, al mismo tiempo que nos sitúa en el camino de la solución: ¿Cómo se puede buscar lo que no se conoce? ¿Cómo reconocer que se ha encontrado lo que se buscaba, si no se conoce de antemano lo que se buscaba?
En este momento surge el episodio del esclavo que, bajo el impulso de las preguntas de Sócrates, llega a descubrir un teorema de geometría que no se conocía. Estos conocimientos surgieron en él primero como un sueño, pero con sólo interrogarle varias veces acaba por saber estas cosas como algo que pertenece al mundo. Aprendió por sí mismo esa ciencia y, por tanto, hubo de aprenderla en un tiempo diferente, cuando aún no era hombre, en ese tiempo que Platón llama el tiempo eterno. En ese tiempo eterno existía su alma; la verdad de las cosas que son está, pues, en el alma, y ese alma es inmortal.
Una vez dicho esto, Sócrates insiste en la búsqueda de la definición de la virtud. Al ser un bien, la virtud es una ciencia; sin el saber, sin el espíritu, una virtud como el valor no puede existir, no sería más que una presuntuosa audacia. Alcanzamos la felicidad gracias a la reflexión. Y sin embargo, no es por un saber como podemos alcanzar la virtud, porque la virtud no puede enseñarse; por la educación únicamente pueden producirse oradores, mas no sabios.



5. La teoría de las Ideas de Platón.
5.1. Introducción.
La más famosa de todas las teorías de Platón es la teoría de las Ideas. El único saber exacto desarrollado hasta entonces era el saber matemático y, en especial, el geométrico. Nosotros decimos de algunos objetos materiales que son circulares o triangulares o esféricos o piramidales, etc., si su forma se aproxima a la forma de círculo o de triángulo, o de esfera o de pirámide. Ahora bien, la forma circular de un objeto sensible nunca corresponde exactamente a la definición que del círculo dan los geómetras. La forma circular de la que hablan los geómetras no se encuentra entre los objetos sensibles, aunque algunos de ellos se parezcan o aproximen a ella (por lo que podemos calificarlos de circulares). Tampoco entre los objetos sensibles se encuentra la forma perfecta de esfera, o de cilindro, o de línea recta, etc., sino sólo aproximaciones, objetos que se parecen algo a dicha forma, sin realizarla enteramente. Si no existieran más que objetos sensibles, la geometría, la matemática, no tendrían objeto. Pero la matemática constituye el más seguro de los saberes, y por tanto ha de tener objeto y su objeto ha de ser el más real de todos. Según Platón, la seguridad del saber depende de la realidad del objeto sobre el que versa. Por tanto, han de existir objetos que correspondan exactamente a las definiciones de los geómetras, han de existir las formas perfectas de círculo, esfera, pirámide, línea recta, etc. Estas formas no son sensibles, sino inteligibles. Las Ideas son lo verdaderamente existente.
El saber geométrico consiste en un conocer las formas geométricas y, por tanto, implica una cierta visión de dichas formas. Estas formas o Ideas no están en este mundo. Si a pesar de ello, las conocemos, ello es señal de que tal conocimiento es un reconocimiento, una reminiscencia de la visión que de las formas tuvimos anteriormente. ¿Cuándo y dónde? No en esta vida ni en este mundo. Luego fue en otra vida (antes de nacer) y en otro mundo. En efecto, el alma es inmortal y transmigra de cuerpo en cuerpo. Entre encarnación y reencarnación, el alma está en otro mundo no sensible ni mortal, el mundo de las formas o Ideas inteligibles inmortales y eternas, el kosmos noetós.
5.2. Naturaleza de las Ideas.
Las Ideas son entidades objetivas, trascendentes, independientes de nuestra conciencia, representaciones que son condición de posibilidad tanto de lo real cuanto de su conocimiento fiable y exacto. Las Ideas son inmutables y eternas, atópicas y acrónicas. Platón habla generalmente de las Ideas de un modo más o menos metafórico: no existen en el mundo sensible. Existen de forma trascendente, en un cosmos propio, el kosmos noetós, separado del mundo fenoménico, empírico, sensible. El mundo inteligible es real. El mundo sensible es cuasi real, es fantasmagórico, apariencial. El mundo inteligible es necesario, consistente, inmutable. El mundo sensible no tiene apenas espesor ni consistencia ontológicos, es contingente, está en permanente devenir y cambio. En todo caso, cuatro características atribuye Platón con seguridad a las Ideas: 1) Las Ideas son eternas o intemporales; 2) Las Ideas son únicas, es decir, a cada término general o abstracto corresponde una y sólo una Idea; 3) Las Ideas son simples, y 4) Las Ideas son inalterables, no sufren cambio ni transformación alguna, permanecen siempre idénticas a sí mismas.
La esencia de la teoría de las Ideas consiste en la aceptación consciente de una clase de entidades cuya mejor denominación quizá sea la de "universales", que son por entero diferentes de las cosas sensibles.
La teoría de las Ideas no se limita a la geometría, sino que lo abarca todo, en especial el campo de la moral. Existen formas o Ideas perfectas del Bien, de la Justicia, de la Virtud, de la Belleza.
Nuestro conocimiento de las Ideas es lo que nos permite hablar con verdad de los individuos sensibles. Pero los objetos materiales y sensibles sólo participan de las Ideas imperfecta y fugazmente. Por ello el conocimiento que de ellos tenemos es siempre imperfecto y fugaz. El verdadero conocimiento es perfecto y permanente
6. La teoría de la Ciudad ideal de Platón.
Introducción.
Platón hace dos afirmaciones: 1. Todos los Estados actuales están sin excepción mal gobernados. 2. Por tanto, se exige una reforma radical.
Platón pone en práctica el proyecto de un saber indubitable. Establece la tesis según la cual la definición del orden de la Ciudad justa supone una ciencia de lo político, que forma parte de un Saber más vasto, el de lo que es verdad. La reforma radical se propone realizar Platón convierte a la Filosofía en una pedagogía de la verdad o en una pedagogía verdadera que es lo mismo. Esta pedagogía es política. El "verdadero político" es aquel que educa a sus condicudadanos en la verdad, en la constante superación de la apariencia, en la que constantemente se encuentran; por lo tanto, el verdadero político es también el filósofo. La reforma radical pasa entonces por el estudio de la filosofía de la cual depende "el obtener una visión perfecta y total de lo que es justo". El sabio ha de gobernar o el que gobierna ha de ser sabio. Esto nos lleva a criticar la democracia régimen en el cual todas las opiniones son equivalentes. Sistema de gobierno de la doxa, de la opinión, que presupone que la verdad absoluta no existe o es imposible de encontrarse, tesis esta que va contra la tesis básica de la filosofía platónica: que existe la verdad absoluta y que es posible conocerla. Igualmente, el rechazo de la democracia presupone la refutación de los principios sobre los que se funda tal régimen, principios de los que los sofistas fueron portavoces.
7.-Lucha contra el amoralismo democrático o aristocrático.
Ninguno de los regímenes existentes satisfizo a Platón. La democracia es el reino de los sofistas, que en lugar de ilustrar al pueblo, se contentan con estudiar su comportamiento y con erigir en valores morales sus apetitos:
"Que cada uno de los particulares asalariados a los que esos llaman sofistas...no enseña otra cosa sino los mismos principios que el vulgo expresa en sus reuniones, y esto es a lo que llaman ciencia. Es lo mismo que si el guardián de una criatura grande y poderosa se aprendiera bien sus instintos y humores y supiera por dónde hay que acercársele y por dónde tocarlo y cuándo está más fiero o más manso, y por qué causas y en qué ocasiones suele emitir tal o cual voz y cuáles son, en cambio, las que le apaciguan o irritan cuando las oye a otro; y, una vez enterado de todo ello por la experiencia de una larga familiaridad, considerase esto como una ciencia, y, habiendo compuesto una especie de sistema, se dedicara a la enseñanza ignorando qué hay realmente en esas tendencias y apetitoso de hermoso o de feo, de bueno o de malo, de justo o de injusto, y emplease todos estos términos con arreglo al criterio de la gran bestia, llamando bueno a aquello con que ella goza, y malo lo que a ella molesta". (Rep. VI, 493 a-c)
La política de estos demagogos no es más que el registro del hecho, el reflejo de las pasiones de la masa.

8. Política y moral: la justicia.
Por consiguiente, la primera tentativa del filósofo es constituir en ciencia la moral y la política, las cuales coinciden en su motor común, el Bien, que no es diferente de la Verdad; así como sustraer la política del empirismo para vincularla a valores eternos. que las fluctuaciones del devenir no perturben. Hay que reencontrar la definición de esa virtud que los sofistas pretendían conocer y enseñar; de esa virtud que Sócrates sabía que no hay que confundir con la moneda sin valor de las virtudes en uso. En este sentido, la tentativa de Platón está encaminada a salvar la moral y la política del relativismo a que las reducía Protágoras. La ciencia política debe volver a encontrar las leyes ideales. Por consiguiente, forma una unidad con la filosofía; la política no será ciencia más que cuando los reyes sean filósofos. Se comprende: Platón rechaza todos los regímenes existentes. Su posición es radical. Se trata de construir un régimen que escape al devenir. Se trata de definir las condiciones en las que un régimen es perfecto e indestructible. De esta forma, el problema central de la República es el de la Justicia, individual o colectiva (todo es uno). La política se mide en relación con la idea de Justicia, que no es sino la Verdad y el Bien aplicados al comportamiento social. Platón funda la política como ciencia deduciéndola de la Justicia. Y no ciertamente como descripción objetiva de los fenómenos políticos, sino como estudio normativo de los principios teóricos del gobierno de los hombres.
Uno de los supuestos de la política platónica estriba en la tesis afirmada en el Gorgias y luego en el Libro I de la República, de que el hombre injusto es más infeliz que el justo o que la injusticia es fuente de infelicidad; si no se define previamente en qué consisten la injusticia y la justicia como cualidades del alma resulta absurdo continuar insistiendo en tal tesis.
De tal manera podemos afirmar que la República plantea la pregunta ¿Qué es la justicia? Y ello tanto en lo que se refiere al individuo como a la sociedad.
Para analizar la justicia en el individuo hay que estudiarla primero en el Estado, en la polis. Hay una correlación estructural entre el individuo y la polis.
La justicia es una virtud o excelencia. Hay que conocer la naturaleza y estructura del Estado. Para ello, Sócrates propone construir idealmente una Ciudad, de modo que así será posible asistir al surgimiento sucesivo de los elementos o partes que la integran.
La Ciudad surge como respuesta a la incapacidad de cada individuo para satisfacer por sí mismo sus propias necesidades. Por consiguiente, para que haya Ciudad se necesita en 1º lugar, una pluralidad de individuos que atiendan a las necesidades más elementales de la vida humana, alimento, vestido, vivienda y luego otras necesidades más elementales. Todos estos oficios componen la base económica de la ciudad y el conjunto de los individuos que los ejercen forman el grupo o la clase económicamente productiva, la que subviene a las necesidades de la sociedad, la clase de los productores o demiourgoi.
El desarrollo de la polis hasta ciertas formas de abundancia y refinamiento hace necesario 2º, el surgimiento de una nueva clase o grupo social: el dedicado específicamente al mantenimiento de la convivencia social, del orden público, a la ampliación del territorio y, en general, a la defensa de éste y de la ciudad frente a las agresiones exteriores y los desórdenes internos. Este grupo lo constituyen los guardianes. Este ejército es profesional. Los guardianes han de ser escogidos de entre aquellos ciudadanos que posean aptitudes especiales para ello (fuerza, rapidez, valentía, amor a la verdad) y habrán de ser educados y entrenados cuidadosamente con vistas a la función que deberán desempeñar. Las tareas de gobierno han de asignarse específicamente a un grupo social. Un grupo especial de ciudadanos tendrán que gobernar. Estos se reclutarán de entre los guardianes y serán los mejores de ellos. Así queda establecida una diferencia entre auxiliares {ejército}/ gobernantes{guardias perfectos}.
Volviendo al mito del carro alado del Fedro, los dos caballos y el auriga representan las tres partes del alma:
-to epithimetikón: el apetito (el caballo malo).
-to thimoeides: el coraje (el caballo bueno).
-to logistikón: la razón, la pertenencia al logos (el auriga).
Estas son las tres partes del alma o tres almas: apetitiva, anímica y racional o concupiscible, irascible e intelibible.
Platón hace corresponder a estas tres almas tres "virtudes" (aretaí), que son respectivamente: sophrosyne (templanza), andreía (valor, valentía) y sophía (sabiduría); para esta última emplea también phrónesis (inteligencia, cordura, traducción escolástica: "prudencia", como de andreía lo es "fortaleza").
En la polis que Platón dibuja en la República, a las tres almas o partes del alma corresponden tres partes de la polis, respectivamente: demiourgoi (trabajadores), fylakes (guardianes, soldados), arkhontes (gobernantes). El que cada parte esté en su lugar (ta eautou prattein: hacer lo propio de cada uno) es otra "virtud", a la que Platón llama "justicia" (dikaiousyne).
Así, hay un paralelismo perfecto del alma con el Estado. La justicia es la misma en la Ciudad que en el individuo.
Hay dos principios del platonismo que se aplican en la República: "Principio de la correlación estructural entre el Estado y el alma" y "Principio de la especialización funcional".
1º Hay identidad estructural entre alma y Estado. El Estado no es exterior al individuo, ni el individuo es algo exterior al Estado. Hemos de convenir muy necesariamente que en el alma hay las mismas partes que en el Estado. El Estado no es otra cosa que los individuos que lo componen y, por tanto, el Estado adquiere el carácter y el modo de vida de éstos, y no sólo el carácter sino también el régimen político. Esto es porque los griegos no distinguían entre sociedad civil y Estado.
A cada régimen político le corresponde un tipo de carácter en los individuos y el tipo de carácter que predomina en los ciudadanos determina el régimen político y es determinado por éste.
La tripartición del alma se deduce de algún modo de la estructura del Estado. Las tres clases sociales se deducen de las funciones necesarias para que exista un Estado, juntamente con el principio de especialización funcional, que exige que cada una de las partes se encargue de una función y sólo de una.
2º El principio de especialización funcional hace que haya correlación estructural entre individuo y Estado.
El principio de especialización funcional afirma que cada individuo y cada clase social han de desempeñar solamente una función, aquella para la que estén más capacitados. Esto tiene una justificación pragmática. La especialización y la división del trabajo aumentan la eficacia y el rendimiento. Es una ley exigida por la naturaleza misma de las cosas. Cada uno tiene que hacer las cosas que sean adecuadas a su naturaleza. Todos los seres tienen una función que cumplir y esta función constituye el fin al que están encaminados naturalmente.
1. Los ciudadanos integrados en cada una de las clases sociales ejercerán solamente la función social de la clase en que se integren.
2. La inserción de cada ciudadano en la clase correspondiente ha de hacerse atendiendo a sus dotes naturales, a sus inclinaciones y a su capacidad.
Platón concibe la educación fundamentalmente no como un instrumento para promover la igualdad, sino como un proceso encaminado a desarrollar y orientar las facultades naturales. Y si bien es cierto que en todos los individuos se dan las tres partes del alma, no es menos cierto que siempre predomina una de ellas sobre las demás.
La parte predominante define el carácter, las aptitudes y las inclinaciones de cada cual y cada cual es asignado a la clase social cuya función específica resulte más acorde con su carácter.
Las virtudes platónicas (llamadas por la Escolástica las cuatro virtudes cardinales) son:
Prudencia. Es saber político. Es una virtud intelectual que pertenece al ámbito intelectual o episteme. Su objeto es el bien general de la ciudad para que alcance el bien que le es propio.
Valentía o fortaleza. Conocimiento también de lo que debe ser temido. Sólo es opinión correcta sobre las cosas a temer. Tal opinión tiene que ser firme.
Templanza, moderación o morigeración, autocontrol. Acuero o armonía entre lo que es inferior y lo que es superior respecto a la parte que debe gobernar.
Justicia. Cumplimiento adecuado del principio de especialización funcional. La justicia es que cada uno haga lo suyo.
Los grados del saber y del conocer en República VI-VII.
En el Libro VII de la República, Platón nos presenta el mito de la caverna. Platón nos intenta construir una imagen o un modelo explicativo de la condición o situación humana. Somos prisioneros encadenados, que ven desfilar unas imágenes sobre el muro que está ante ellos. Si queremos representárnoslas, no ya enfrentándonos a imágenes, sino a realidades, es preciso que las imaginemos guiados por algún hombre superior (el Filósofo), para franquear los bordes de la caverna; sin duda, al salir y mirar la luz, serán deslumbrados, pero esto sólo es el principio. Estarán, con todo, en la región de lo cognoscible, en esa región de la que bien podemos decir que está dominada por lo incognoscible, porque la naturaleza del Bien apenas es visible y apenas cognoscible; y ese Bien es la causa universal de toda certeza y de toda belleza; lo mismo que el Sol es la fuente de las generaciones sensibles, el Bien, sol inteligible, es fuente de todo lo verdadero que existe en el mundo inteligible.
La educación.
La educación se desarrolla en Platón en dos fases. La primera de ellas abarca la infancia y la juventud, hasta los 20 años. La segunda, la educación superior, se extiende desde la mayoría de edad hasta la madurez. Abarca entre los 20-35 años.
1ª fase, guardianes.
2ª fase, guardianes perfectos, filósofos.
La 1ª fase comprende gimnasia y música. Se trata de formar ciudadanos capaces de desempeñar adecuadamente la función de guardias. Hace falta para ello:
-condición física.
-ánimo.
Las virtudes (aretaí) necesarias son la valentía, fuerza de carácter, abnegación, firmeza de convicciones. La educación física no se limita a desarrollar el cuerpo, sino que se orienta a la formación del carácter.
La música es además de música formación artística o humanística. El arte posee un poder excepcional para la formación del carácter, tanto por su naturaleza como por los efectos que produce en el alma. El arte es mímesis, imitación y posee una gran fuerza impresiva capaz de inculcar en el alma creencias y opiniones estimulando modos de pensar y actuar en correspondencia con las imágenes de la realidad que nos ofrece. El arte es el instrumento educativo por excelencia para este nivel educativo. Por ello se establece la censura. Los fundadores del Estado han de velar por la teología civil. Los poetas deben sólo imitar lo que es virtud, valor, sabiduría, piedad, dignidad. La música deberá ser masculina y valiente y no una música débil, orientada hacia el placer. Toda la censura del arte se lleva a cabo en nombre de la suprema Idea del Bien.
Una vez completada la educación por la gimnasia y la música, la mayoría de los que han superado esta etapa serán guardias. Algunos de ellos, los mejores, pasarán a la etapa siguiente. Serán aquellos que hayan sobresalido tanto por su amor a la ciudad, como por su capacidad intelectual y su perseverancia en el estudio.
El Filósofo según Platón.
Es necesario definir lo que es un filósofo. Para Platón es necesario un cambio; los filósofos deben ser reyes, a menos que los reyes sean filósofos. La teoría de las Ideas vuelve a ocuprr su puesto; hay, por una parte, los que son amantes de los espectáculos y, por otra parte, los que son amantes de lo Bello, los que únicamente quieren ver lo Bello. Estos últimos son muy escasos, pero son los únicos que están fuera del estado de sueño. Este estado de sueño del que es necesario salir es la opinión, la doxa; es un estado intermedio entre el ser y el no ser. Las cosas que dependen de la opinión son absolutamente diferentes de las que son objeto del saber; pero tampoco hay que decir que la opinión se ocupa del no-saber, es algo intermedio; participa del ser y del no-ser; es una mezcla.
El filósofo es amante de la realidad entera; quiere la verdad; no le preocupa la muerte; es justo. Amasa y conserva los conocimientos; es amigo de la mesura. La multitud no es en modo alguno filósofa, y es difícil al filósofo permanecer filósofo. Hay que buscar la forma de Estado en la que la degeneración del filósofo sea difícil, incluso imposible. Lo que debe predominar es la Idea del Bien. En el Libro VI Platón habla de la gran paradoja que supone que el Estado perfecto debe ser constituido por el sabio perfecto, y éste, a su vez, no puede serlo más que en el Estado perfecto en donde se realice la Filosofía. Hay que contar pues, con un azar que presentará un filósofo-rey o, antes un rey-filósofo. El filósofo que ha ascendido hacia las Ideas volverá a descender a la caverna para ayudar a los hombres a salir del sueño en el que se hallan sumidos y aportar sentido y verdad a la vida. Ahora se llegan a fundamentar las dos afirmaciones de Sócrates: que la virtud es una, y que la virtud es ciencia. Es ciencia del Bien, del Bien único, sol inteligible que da nacimiento y desarrollo a todo lo que es. Como el sol hace los colores, el Bien fundamenta el conocimiento, hace las cosas cognoscibles, es decir, visibles para nuestro ojo inteligible.
La existencia del filósofo es paradójica, en el sentido de que va contra la doxa, en el sentido de que hay en él una tensión. La filosofía misma es ascensión hacia lo inteligible, contrariamente a lo que piensan los retóricos y los erísticos. Por encima de todo conocimiento particular está el conocimiento del Bien. Está más allá del ser y más allá del Logos.
Los gobernantes no son otros que los sabios. La política es un saber, es una ciencia. Esta ciencia es la filosofía, la dialéctica. El verdadero gobernante es el filósofo. La filosofía es el amor a la sabiduría al contrario que la filodoxa o amor a las opiniones o al contrario del filotheamon o amante de los espectáculos.
Las opiniones mudables y carentes de justificación racional recaen sobre los seres físicos que son igualmente mudables y carentes en sí de inteligibilidad (todo lo que de inteligibilidad hay en el mundo físico proviene de las Ideas); de otra parte, el saber -que es conocimiento universal, necesario y racionalmente fundado- tiene como objeto las Ideas igualmente universales y necesarias cuyo entramado constituye un sistema plenamente racional.
El ascenso hasta este tipo de saber que Platón denomina Filosofía y también dialéctica es difícil y por ello exige un entrenamiento intelectual: la mente ha de acostumbrarse al razonamiento alejándose de los sentidos y de sus objetos. Las matemáticas son saberes particulares, proceden por hipótesis sin dar razón de ellas, parten de sus objetos. No pueden justificar o fundamentar sus objetos.
El proceder de la dialéctica es otro: no acota ninguna parcela del mundo inteligible y por tanto, su saber no es hipotético. El dialéctico asciende por medio de la razón. "considerando las hipótesis no como principios últimos, sino como simples hipótesis que sirven a modo de peldaños y puntos de apoyo para elevarse hasta el principio de todo que ya no es hipotético; y una vez alcanzado éste, desciende de nuevo abarcando todas las consecuencias que se derivan de él hasta llegar a la conclusión final, sin servirse en absoluto de nada sensible, sino solamente de las Ideas mismas, pasando de Idea en Idea y terminando en Ideas".
La dialéctica es un saber sistemático total, globalizador, sinóptico en el cual cada conocimiento parcial se justifica por el lugar que ocupa dentro del todo, que le asigna el saber absoluto. El sistema de las Ideas descansa en la Idea suprema, la Idea del Bien.